Flora l Fauna l Los recursos del mar l Los origenes l Contacto mapuche? 
Fase Ahu Moai: el esplendor Megalítico l Evolución arquitectónica 
Arqueoastronomía l Los Moai l El tallado l El estilo l El transporte l Pukao
El significado del Moai l Megalitismo y cambio l Fase Huri - Moai; crisis y adaptación
Batalla del Poike l Crisis global: adaptaciones globales l Orongo l Mata ngarau
Los Motu: Antiguo reino del Manutara l La competencia por el poder 
Arte rupestre l Bibliografía

 

 

RAPA NUI

 
 
El escenario: la isla más isla

 

Rapa Nui se ubica en una latitud subtropical (27º09’ Lat S y 109º 27’ Long W), a 3.599 km de Concepción, el punto más cercano en las costas de Sudamérica. La tierra poblada más cercana es la isla de Pitcairn, dos mil km al suroeste.

Los 166 km2 de su exigua superficie triangular está conformada por la cumbre de un gran cono volcánico que se levanta unos tres mil metros desde el fondo oceánico, dejando aflorar una serie de centros eruptivos cuya altura máxima alcanza apenas511 metros sobre el nivel del mar, en el volcán que forma el vértice norte de la isla, llamado Maunga Terevaka.

Hace unos 3 millones de años, una serie de procesos eruptivos comenzó a levantar desde el fondo marino lo que sería el extremo oriental de la isla, llamado Poike. El vértice sur de la isla, con su impresionante caldera de 1500 metros de diámetro, es conocido como Rano Kau.

Dado este origen, en la isla abunda toda una variedad de piedras volcánicas, desde la blanda toba que se utilizó para los moai, que sólo se encuentra en Rano Raraku, la escoria roja de los cilindros (pukao) que se pusieron como sombreros sobre algunas de las estatuas, la blanca y suave traquita, pasando por el más duro basalto utilizado en los muros de los ahu o las finas azuelas pulidas (toki), hasta la cristalina obsidiana, el vidrio volcánico negro de los afilados proyectiles o cuchillos enmangados (mataa).

Los suelos son muy permeables, de manera que no existen cursos de agua permanente. Las únicas reservas naturales de aguas lluvia son los cráteres de Rano Kau, Rano Raraku y Rano Aroi. El agua aflora cerca de la costa en una serie de pozos, que muchas veces contienen agua ligeramente salobre por su cercanía al mar. Las grandes distancias que separan Rapa Nui del resto del mundo limitaron el poblamiento de especies vegetales y animales, tanto marinas como terrestres. Incluso, la variedad y abundancia de peces y moluscos es mucho menor comparada con otras islas de la Polinesia. Por otra parte, la ubicación subtropical de la isla, con dos estaciones bien marcadas, a diferencia del trópico, debió poner mayores exigencias para la adaptación de las especies, así como de los propios colonizadores humanos.

 

 

 

Flora

 

Hasta hace poco, la información científica sobre el “paleoambiente” de la isla provenía de las descripciones de los primeros observadores europeos a partir del siglo XVIII y de los análisis del contenido de polen conservado en los sedimentos del fondo de los volcanes, a partir de la misión noruega de 1955-56.

Esos estudios indicaban la presencia de una vegetación relativamente pobre, con solo un árbol importante, una palma de coquitos similar a la palma chilena (Jubaea chilensis), pero que recibió un nombre distinto (Paschalococos disperta) dada la especial morfología de sus semillas.Junto a esta palma, especialmente en las laderas de los cerros, se concentraban bosquetes de una variedad de pequeños árboles y arbustos: toromiro (Sophora toromiro),naunau (sándalo), hau hau (Triumfetta semitriloba), ngaoho (Caesalpinia major), y marikuru (Sapindus saponaria).

Los recientes estudios de Catherine y Michel Orliac sobre los restos carbonizados (antracología) de las especies utilizadas en la cocción de alimentos, han permitido cambiar radicalmente esa imagen. Los nuevos datos muestran una isla mucho más rica de lo esperado, con al menos trece especies nuevas, exhibiendo así una diversidad vegetacional insospechada, con árboles de tamaño considerable, muy diferente de lo que vieron los primeros europeos que desembarcaron a comienzos del siglo XVIII, y del paisaje actual de la isla.

Entre los grandes árboles que poblaron Rapa Nui, y que todavía se encuentran en distintas zonas de la Polinesia, se cuenta el majestuoso Alphitonia zizyphoides, que llega hasta los 30 m de altura, cuya madera era ideal para las embarcaciones; el Elaeocarpus rarotongensis, (7 a 15 m); Pittosporum (6 – 10 m); Xylosma suaveolens (2-8 m); Psychotria (hasta 5 m); Sygigium malaccense (3 m); Premia serratifolia (3 m); Psydrax odorata (arbusto, de 1 a 3 M).

Esta composición corresponde a un ambiente con lluviosidad media, típico de las zonas más bajas de los valles y en las laderas de baja altitud de la Polinesia Oriental.

Entre los vegetales presentes en la isla desde hace miles de años se cuenta la totora (ngaatu), un junco de origen americano que crece en las lagunas de agua dulce de los cráteres. También tiene un origen americano la calabaza (hue), Se han identificado unas 50 especies vegetales que llegaron a la isla antes que el hombre (las endémicas), incluyendo doce variedades de helechos. Sin embargo, especies de gran importancia económica en el resto de Polinesia, como el cocotero (niu) y el árbol del pan (uru) , no llegaron a la isla sino hasta tiempos recientes.

La flora nativa se enriqueció notablemente con la llegada de los primeros colonizadores polinésicos. En la propia tradición de la colonización de la isla por el Ariki Hotu Matu’a, se reproduce un listado de plantas de uso económico que fueron introducidas en la nueva tierra: plátanos, una variedad de tubérculos: taro, uhi (ñame) y kumara (camote); to’a (caña de azúcar), arbustos para distintos usos, como el mahute (Broussonetia papyrifera)para la confección de telas, el ti como alimento y para la producción de pigmentos colorantes, pua para pigmentos, y mako’i (Thespesia populnea), de gran importancia hasta la actualidad por la calidad de su madera.

De todas ellas, tanto endémicas como introducidas, muy pocas especiessobreviven en la actualidad, como el mahute, el hau hau, el ngaoho y el marikuru, pero muy reducidas en número, mientras el gran número de variedades de cada tubérculo se ha reducido fuertemente. El hau hau aportaba las fibras para la confección de cuerdas, y la madera servía para hacer fuego mediante fricción, así como el ngaoho aportaba semillas ornamentales y la fragancia de sus flores, y la ceniza blanca del marikuru servía como pigmento.

Aunque existen toromiro en otras partes del mundo, a partir de las semillas recolectadas del último ejemplar que sobrevivió en el faldeo interior de Rano Kau hasta 1960,su re-introducción en la isla no ha tenido éxito.

Uno de los resultados más interesantes de los estudios franceses es la confirmación del cambio ambiental que marca la prehistoria rapanui, hacia fines del siglo XVII. Ellos sostienen que esa profunda crisis ambiental no fue tanto el resultado de la progresiva sobreexplotación sino el efecto de una gran sequía.

Sin embargo, estudios recientes de geólogos alemanes en la península de Poike, demuestran que la erosión fue consecuencia de la quema del bosque provocada por la intensificación de la producción agrícola, ya hacia el 1400 dC. A su vez, esta intensificación de la producción de alimentos habría sido posible gracias a la introducción (mucho después de la colonización original) del camote (kumara), un cultígeno americano. Eventualmente, catástrofes naturales pudieron desencadenar una crisis más profunda. El hecho es que, en un lapso de varios siglos, la estepa herbácea terminaría reemplazando completamente el antiguo bosque.

 

 

 

 

Fauna

 

La fauna silvestre original estaba compuesta básicamente por aves migratorias, mamíferos marinos y peces. No existían mamíferos terrestres en la isla, apenas algunos insectos y pequeños caracoles terrestres. La fauna marina en general debió ser el principal alimento por un tiempo, hasta que se logró la adaptación de las especies vegetales introducidas. Aunque pobre para los niveles esperables en el resto de Polinesia, la pesca debió resultar relativamente accesible desde la costa y en embarcaciones, así como la recolección de algunos escasos moluscos, algas, y crustáceos como la langosta. Sin embargo, a diferencia de muchas otras islas de la Polinesia, Rapa Nui carece de la barrera de coral que habría facilitado enormemente el acceso a los recursos del mar.

Recientemente, se identificaron restos de aves terrestres que desaparecieron muy poco tiempo después de la llegada de los primeros colonizadores humanos. Entre estas aves terrestres se cuentan dos variedades de tagua, dos de loro, un tipo de garza y una lechuza. Las aves migratorias, del tipo de los albatros, fardelas, gaviotas, pájaro fragata (makohe), ave del trópico (tavake) y otros, se pueden observar todavía, aunque en cantidad y variedad muy reducidas, en los islotes frente al vértice suroeste de la isla. El famoso manutara de la época del hombre pájaro desapareció del paisaje hace años.

Entre los animales terrestres, se puede contar como una introducción intencional la gallina (moa). Los antecesores de los polinesios habían transportado desde el sudeste asiático el cerdo, el perro y la gallina, pero solo hay evidencias de esta última en Rapa Nui. El ratón polinésico (kio’e), que terminó reproduciéndose en gran escala, llegó como parte del conjunto de especies trasplantadas en tanto era un alimento importante. También llegaron dos especies de lagartija (moko).

 

 

Aves marinas:

http://www.animales.cl/Bases/nota.asp?nota=18

 

 

 

 

Los recursos del mar

 

Para los polinesios, el mar no tenía secretos. Había sido el medio para desplazarse por miles de kilómetros, durante muchas generaciones. Quienes llegaron a Rapa Nui, navegaron en una de las embarcaciones más marineras inventadas en la historia de la Humanidad: el catamarán.

En Rapa Nui, las únicas embarcaciones de las que se tiene referencia son unas pequeñas canoas de balancín(vaka ama), hechas con trozos de tablas unidas entre sí con cordeles de fibras vegetales, según el relato de los primeros europeos que tuvieron contacto con los isleños, en el año 1722.

Para esa época, el acceso a los productos del mar se había restringido mucho más allá de lo impuesto por la antigua aristocracia.

Sin embargo, las tradiciones recopiladas y el actual conocimiento de los pescadores isleños permiten un acercamiento a un mundo extraordinariamente rico, a pesar de que los propios recursos del mar eran menos abundantes que en otras islas de la Polinesia, y a la falta de una laguna protegida por una barrera de coral alrededor de la isla.

Debido a la estrecha plataforma alrededor de la isla, y a la temperatura del agua de 22 ºC, el coral no crece en cantidad suficiente para formar arrecifes como aquellos que se pueden ver en otras islas polinésicas.

Sin embargo, las pocas especies de coral presentes se desarrollan en forma espectacular, como se observa en las formaciones de “Porites lobata”.La mayor de estas mide 5 metros de diámetro, y se encuentra a 18 metros de profundidad en la bahía de Hanga Roa.

El agua es tan clara y transparente que la visibilidad promedio es de 30 a 50 metros. Esto se debe básicamente a que el agua es pobre en plankton, y a la ausencia de ríos, puertos, desagües de aguas servidas y basura industrial.

Debido al aislamiento de Rapa Nui, aproximadamente el 25 % de los peces son endémicos; esto es, que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo. La fauna marina local incluye más de 150 especies pertenecientes a 65 diferentes familias.

En los tiempos antiguos, las especies de mayor prestigio, como el atún (kahi) y las tortugas (honu), estaban reservadas a la nobleza, y su captura estaba prohibida (tapu) durante la mayor parte del año. La pesca en alta mar en las vaka ama estaba reservada a los pescadores más sabios (tangata rava ika ma’a), y a marinos expertos (tangata tere vaka), bajo el estricto control de la aristocracia miru, que controlaba los terrenos más importantes de la costa norte y oeste.

Durante los meses de invierno, sólo la canoa real(vaka vaero) podía salir de pesca, tripulada por algunos escogidos. Los que comían de esos productos quedaban contaminados por el tapu, debiendo vivir aislados por un tiempo.

La pesca de profundidad mar afuera se realizaba en sitios denominados haka nononga, que se localizaban desde el mar alineando señales visibles en tierra: rasgos del relieve, torres (tupa) o montículos (pipi horeko) de piedra, o algún ahu. Por otro lado, también se definían sitios especiales de pesca (hakaranga), tales como pozones profundos (rua); rocas libres de moluscos a unos cien metros de la costa (toka), y las bahías (hanga). Además, se mantenían sectores denominados haka kainga, entre 500 y 1000 metros de la costa, destinados a la crianza del ature, el pez que servía de carnada en la pesca de atún, una pez que se levantaba el tapu al comienzo del verano

En la versión de la leyenda de Hotua Matu’a registrada en el manuscrito con las leyendas de Pua Ara Hoa, aparecen los sabios acompañantes del Ariki identificando y nombrando una docena de esos haka nononga mientras rodean la isla hasta desembarcar en Hanga mori a one (Anakena).

Las fases de la luna y la magia eran fundamentales en la pesca, tema universal que tiene un especial sabor en Polinesia. Por su parte, las técnicas y los instrumentos de pesca en Rapa Nui muestran un estrecho parentesco con las islas Marquesas.

Los anzuelos se pueden separar en dos gruesas categorías: los pequeños ro’u y piko, de hueso, usados en la pesca costera por las mujeres, y los anzuelos de mayor tamaño de hueso (mangai ivi), de animal o hueso humano (mangai ivi tangata), o de basalto pulido (mangaimaea o mangai kahi).

Un tipo especial es el anzuelo compuesto (mangai vere vere) generalmente con las dos partes de hueso, aunque se conocen un par de barbas pulidas en piedra.

Las técnicas de pesca y recolección de los productos del mar incluían, además, el uso de una variedad de redes (kupenga); trampas (muros de piedra para capturarlos peces en la baja marea);lazos corredizos manejados con dos maderos para la captura de anguilas (here koreha); una malla al final de un madero (hura); con una malla mientras se nada (tutuku); recolectar langostas (ura) de noche, con la ayuda de antorchas (puhi); buceo de profundidad en apnea (ruku ruku), en especial para la obtención de los preciados crustáceos ura (langosta) y rape rape; pesca con línea y anzuelo mientras se nada en la superficie (hi), entre otras.

Respecto del uso de arpones en la antigüedad, se conoce solamente un arpón de hueso, de tipo marquesano, con aletas, punta redondeada y orificio central para unirse al astil, encontrado en Anakena, y fechado hacia el 1200 d.C.

La recolección de los escasos moluscos y de peces menores en la costa era tarea de mujeres y niños. El accidentado relieve rocoso facilitaba el acceso a mano de una serie de pequeños peces (ra’emea, vare paohu, paroko, patuki); pulpos (heke); pequeñas jaibas (pikea), erizos (hatuke, vana) y algunos moluscos (mama, takatore, pure y pipi).

La crisis ambiental de la prehistoria rapanui se observa también en la intensificación de la recolecta de estos recursos más accesibles, dada la dificultad de acceso a los recursos más productivos de alta mar, debido ala carencia de embarcaciones.

En la actualidad, la sobre-explotación de especies como la langosta hace mucho más difícil su acceso y pone en riesgo su conservación, así como de los pequeños moluscos (pure y pipi) cuyas conchas son muy preciadas para la confección de artesanía, y del coral, fuertemente recolectado para su venta como souvenir.

 

 
 
 
Los Origenes

 

La variedad de especies introducidas en la nueva tierra, demuestra que se trató de una colonización planificada sistemáticamente, y no del contacto casual con una isla perdida en medio del océano por un pequeño grupo abandonado a su suerte en unacanoa a la deriva, o impulsada por el azar de las tormentas.

Tampoco es lógico que se tratara de un único contacto, para luego quedar en absoluto aislamiento hasta tiempos históricos.La propia leyenda habla de una serie de viajes en los inicios de la colonización.

La presencia en diferentes islas de la Polinesia de un cultígeno americano como el camote, con el nombre quechua “kumara”, sirve para discutir el tema de los orígenes del poblamiento humano de la isla.

Todas las evidencias científicas y las tradiciones de Rapa Nui hablan de un origen polinesio. Sin embargo, todavía se difunde la improbable hipótesis de Thor Heyerdahl para el origen de la cultura Rapa Nui en la América precolombina. Respecto del kumara, la explicación más aceptada es que fueron polinesios quienes llegaron a América y volvieron con camotes.

Según los datos arqueológicos, la expansión de los primeros polinesios hacia las islas del archipiélago de la Sociedad (Tahiti) y las Marquesas habría ocurrido algunos siglos antes de nuestra era. El poblamiento de Hawaii habría ocurrido entre los años 500 y 750 d.C., y de Nueva Zelanda más tarde, entre el 900 y 1000 d.C. Las evidencias sugieren que el proceso no debió ser lineal, desde un solo punto de distribución a partir del centro de la Polinesia, sino en varias etapas simultáneas.

Al parecer, en algún momento inicial ocurrió un movimiento exploratorio explosivo, que llevó a distintos grupos a colonizar un vastísimo territorio hasta los límites del triángulo polinésico, con posibles contactos más allá de ellos. En realidad, una isla en particular no era un límite para los navegantes polinésicos, sino un punto de partida para la búsqueda de nuevos territorios.

La extraordinaria tecnología marinera y el conocimiento sistemático del mar y los fenómenos celestes dieron a los polinesios una capacidad única para colonizar cientos de islas separadas por enormes distancias. La invención de la canoa de doble casco (catamarán) y una vela móvil les dio la capacidad de navegar en contra del viento. Avanzando en contra de la dirección de los vientos dominantes, esto es, hacia el este, podían volver con seguridad y rapidez al punto de origen, si no encontraban tierra dentro del radio de su capacidad de navegación.

 

 

 

 

Contacto mapuche ?

 

Entre los Mapuche que ocupaban el sur de Chile en tiempos prehispánicos se han descrito elementos arqueológicos, lingüísticos, e incluso algún elemento biológico, que podrían derivar de un contacto polinésico.

Se trata de artefactos como un tipo de “clava” similar a la maza de mano maori llamada “wahaika”, pero confeccionada en piedra local en vez de madera.

Una docena de paralelismos lingüísticos podrían ser evidencia de contacto, en especial la palabra “toki”, que en mapuche significa jefe guerrero, y también hacha de piedra pulida, mismo término ampliamente distribuido en Polinesia para las azuelas de piedra. Además, los jefes guerreros usaban un símbolo de rango llamado “toki-kura”, realizado en piedra pulida, con un orificio para ser colgado al cuello. Tanto el artefacto como el nombre son un claro paralelo Mapuche-Maori.

En Chiloé se encuentran elementos como los hornos subterráneos (curanto), similares al umu polinésico, el uso de términos similares para actividades de reciprocidad (minga en Chiloé, mink’a en quechua y umanga en Rapa Nui), que parecen ser desarrollos paralelos.

Por otro lado, está la presencia de un rasgo físico polinésico en una mandíbula encontrada en la Isla Mocha (“rocker jaw”), pero sin un contexto arqueológico seguro. Finalmente, queda pendiente la posibilidad de probar el origen polinesio de la gallina mapuche prehispánica.

Desde el punto de vista de la viabilidad de tal contacto a través del Océano, es claro que no habría sido algo imposible para los grandes navegantes polinesios. Desde luego, fueron ellos quienes colonizaron el Pacífico en dirección oeste este, en contra de los supuestos vientos dominantes. Aparte de que se trataba de una estrategia adecuada a la capacidad de carga de las embarcaciones, se ha comprobado que durante el fenómeno de El Niño los vientos soplan en dirección contraria, pudiendo avanzar muy rápido desde el centro de la Polinesia en dirección al sureste. En esas circunstancias, pudieron descubrir Rapa Nui, o seguir hasta la costa mapuche. Por otro lado, está la corriente que corre en dirección oeste-este hacia los 40º Sur, y que conecta Nueva Zelanda con el sur de Chile. Hacia 1837, un grupo de ingleses, sin conocimientos de navegación, escaparon en una pequeña goleta del asentamiento penal de Sarah Island, en Tasmania. La corriente y los vientos los llevaron hasta Chiloé, y luego subieron hasta Valdivia.

Ramírez, José Miguel. 1988.Transpacific contacts: The Mapuche connection. Rapa Nui Journal 4 (4): 53-55.

Ramírez, José Miguel.1992. Contactos transpacíficos: Un acercamiento al problema delos supuestos rasgos polinésicos en la Cultura Mapuche. Clava 5: 41-73.

 

Polynesian Voyaging Society

 

 

 

 

 

FASE AHU-MOAI: EL ESPLENDOR MEGALÍTICO (1.000 A 1.680 D.C.)

 

Los Ahu

 

En Polinesia, como en muchas otras civilizaciones en el mundo, la ideología y el poder de la nobleza se plasmaron en la forma de plataformas monumentales que se proyectan progresivamente hacia formas piramidales.

Las formas básicas fueron plataformas de piedra bajas y alargadas, en donde se levantaron efigies de los ancestros o dioses, representados por simples losas verticales de piedra o coral, o figuras talladas en madera. El conjunto se proyectaba aunaplaza rectangular, a veces pavimentada y completamente amurallada. Ejemplos notables de estas expresiones megalíticas se encuentran en toda Polinesia, en los marae de las Islas de la Sociedad, los heiau de Hawaii, los me’ae y tohua de las Islas Marquesas, los tu’ahu de Nueva Zelanda y, en forma excepcional, en los ahu de Rapa Nui.

A partir de la idea del marae de la Polinesia central, a la plataforma central del ahu se le incorporó un plano inclinado en el frente (tahua) pavimentado con piedras redondas (poro), y extensiones laterales.

Al principio, las plataformas eran pequeñas y bajas, con moai pequeños y rasgos naturalistas. A medida que las familias necesitaron dar muestras de su poder, ampliaron las plataformas, sobre los ahu interiores. Algunos pudieron realizar hasta tres o cuatro ampliaciones

En el Ahu Tongariki, la plataforma central llegó a 45 metros de largo, donde se instalaron 15 moai colosales, y las extensiones laterales le dieron un largo total de 150 metros.

La selección del sitio para el levantamiento de un ahu debió ser materia no sólo de los especialistas ingenieros y arquitectos (tangata maori anga ahu), sino de los sacerdotes, que debían sacralizar el lugar, lo que se expresa en la instalación de una capa de tierra de color rojo en la base.

La mayoría de los 272 ahu se levantaron junto a la costa, de manera que normalmente suorientación es paralela al borde costero. Sin embargo, se han identificado unos 25 en que esto no ocurre, de los cuales más de un tercio fueron orientados según observaciones astronómicas precisas. De los ahu levantados en el interior de la isla (unos 30), hay dos ejemplos notables: el Ahu Huri A Urenga, orientado a la salida del sol en el solsticio de invierno, el día más corto del año en el hemisferio sur, hacia el 21 de Junio; y el Ahu Akivi, en donde el eje de la plataforma fue orientada de norte a sur, quedando perfectamente perpendicular al movimiento del sol en los equinoccios de otoño y primavera.

A lo largo de más de 500 años, las familias levantaron unos 300 ahu en las cabeceras de sus territorios.

 

 

 

 

Evolución arquitectónica

 

La etapa de expansión megalítica en la isla debió comenzar hacia fines del primer milenio de nuestra Era. Los últimos ahu se estaban construyendo hacia el siglo XVII, lo que significa que en un período relativamente corto la sociedad rapanui se concentró en la construcción de unos 300 ahu, y unos 1000 moai.

Con el tiempo, cada plataforma sufriría una serie de ampliaciones, según la capacidad de cada grupo, llegando a refinamientos talescomo la construcción de muros de basalto pulido y frisos de escoria roja, para recibir moai cada vez más grandes y estilizados.

A veces,la última ampliación del muro posterior del ahuincluye cuerpos o cabezas de moai reciclados de una etapa anterior del propio ahu, o incluso bloques labrados a partir de toba de moai,y en casos excepcionales diseños en relieve, como en el Ahu Nau Nau de Anakena. La perfección del engaste y pulido de los bloques del AhuVinapu (Vinapu 1, o Tahiri) muestra una capacidad técnica extraordinaria, así como el poder reflejado enlas proporciones del Ahu Tongariki, con una plataforma de 45 metros de largo que llegó a sostener 15 moai colosales,con extensiones laterales que le dieron un largo total de 150 metros.

En la fase tardía, tiempo de destrucción de las estatuas (la fase huri moai), los ahu fueron en parte destruidos o modificados para recibir sepulturas colectivas (avanga) bajo las plataformas. En algunos casos,se cubrieron con piedras para constituir lo que se ha llamado un “Ahu semi-piramidal”.

Un tipo arquitectónico interesantees el denominado Ahu PoePoe, debido asu forma de bote, compuesto por una estructura rectangular alargada con los extremos apuntados y elevados, asemejando una embarcación. Normalmente poseen una cámara a lo largo de la estructura, comunicada con el techo a través de una serie de aberturas. Estas características los acercan más a un tipo de construcción funeraria, a representaciones de botes construidos con tierra (miro o’one), o incluso a los hare moa, que a un verdadero ahu. Existen unos doce, concentrados en la costa norte.

Un aspecto interesante de destacar es que originalmente los ahu no estaban destinados a recibir los cuerpos de los miembros de cada linaje. En la etapa clásica presentan crematorios junto al muro posterior que da al mar, en la forma de pequeñas cistas rectangulares. Las cámaras funerarias (avanga) fueron adiciones tardías a los ahu, construidas bajo la plataforma inclinada (tahua), e incluso se prepararon pequeñas cámaras con muros de piedras bajo los moai caídos. Este cambio fundamental en el patrón mortuorio fue la adaptación a la falta de combustible para las cremaciones. Esto continuó hasta tiempos históricos, en la medida que cada familia reconocía su pertenencia a un territorio.

 

 

 

 

 

Arqueoastronomía

 

El conocimiento del movimiento de los astros, su observación sistemática y los cambios de las estaciones; las fases de la luna y la definición de un calendario; la ocurrencia de fenómenos como eclipses o los cometas y su relación mágica con la vida de los hombres y la naturaleza, en especial en relación a la navegación, ceremonias y augurios; todo esto forma parte del patrimonio de la antigua Rapa Nui.

Los navegantes polinesios que colonizaron Rapa Nui poseían un acabado conocimiento astronómico, que en esta nueva tierra aprovecharon en especial para el control de la producción de alimentos. La posición subtropical de la isla genera cambios climáticos a lo largo del año, que inciden en las siembras, así como en los patrones estacionales de la llegada de aves y peces.

Las estaciones del año tenían distinta duración, a partir de Tonga Nui, entre fines de Junio y Agosto; Hora Iti, hasta mediados de octubre; Hora Nui hasta marzo, época en que se realizaba la mayoría de las fiestas, y Tonga Iti, entre abril y mayo, la época más lluviosa y con fuertes vientos del noroeste.

En Rapa Nui, el conocimiento científico de la progresión de las estaciones se acompañaba de ritos y ceremonias que permitían dar inicio a siembras y cosechas, encabezadas por el Ariki. Un calendario de doce meses estaba definido por los ciclos de la luna (mahina), comenzando con cada luna nueva (ohiro).

El año se iniciaba con la aparición de las Pléyades (Matariki) después del solsticio de invierno.

Las fases de la luna, especialmente la luna nueva (ohiro) y luna llena (omotohi)tenían mucha importancia para definir el momento propicio para la pesca, ciertas plantaciones, fiestas y ceremonias.

El saber, reservado a los especialistas, contribuía a mantener el prestigio de la aristocracia. La antigua sociedad rapanui desarrolló elementos propios de las altas culturas, cuyos monumentos megalíticos tuvieron un sentido astronómico, como Stonehenge en Inglaterra, o Chichen Itzá en México.

El dominio ideológico era funcional a una sociedad estratificada, que debía ser capaz de mantener un orden social y político exigente sobre un ambiente reducido y de recursos productivos escasos.

De esta forma,la creencia en las fuerzas negativas o positivas de algunos astros en momentos especiales (Matamea, Tautoru, Pau), la posibilidad de imponer prohibiciones (tapu), y la propiciación mediante ceremonias a cargo de los sacerdotes astrónomos, deben haber sido parte de la vida diaria.

La tradición recoge la importancia del sol (ra'a), la luna (mahina), planetas (matamea= Marte); y estrellas (tautoru= Cinturón de Orión; Matariki= Pléyades; Te Pou= Sirio; Nga Vaka= Alfa y Beta Centauro; Rei a Tanga= Antares; Hetu'u Ahi Ahi= Venus, lucero de la tarde); la existencia de escuelas de aprendices y observatorios (Ana u’i hetu'u, cerca de Tahai), así como un número de petroglifos que presentan motivos astronómicos (Papa u’i hetu'u, en el Poike; Papa Mahina, cerca del Ahu Ra'ai), y el posible uso de algunas tupa (torreones)como observatorios astronómicos.

Según los datos astronómicos modernos, hacia fines del primer milenio de nuestra era, al inicio del gran desarrollo de la cultura megalítica rapanui (Fase Ahu-Moai), los isleños pudieron apreciar un número extraordinario de eclipses solares (he kai i te ra'a) y cometas (hetu'u ave). Según las investigaciones recientes del astrónomo William Liller, unos 20 ahu fueron orientados intencionalmente con un sentido astronómico, de manera que los moai miraran la salida o la puesta del Sol en solsticios o equinoccios.

En general, los ahu orientados astronómicamente en el interior de la isla se vinculan con los solsticios, especialmente de invierno, mientrasque los ahu astronómicos costeros se orientan preferentemente en sentido equinoccial, norte-sur, de manera que los moai miraban exactamente hacia el este uoeste. Puede ser que los de la costaestabanrelacionados conlaubicacióndeposicionesprecisasdesdeelmar, mientras que en el interior tenían un sentido agrícola, especialmente en el solsticio de invierno.

El monumento astronómico más notable es el Ahu Huri A Urenga. Está orientado para mirar la salida del Sol detrás del Poike, en el solsticio de invierno, en línea con Maunga Mataengo.Junto a la plaza hay unas cavidades circulares, que también tendrían sentido astronómico.

En Vinapu, el Ahu Tahiri señala los equinoccios, y el Ahu Vinapu 2, el solsticio de verano. El Ahu Ra'ai y el AhuTongariki al solsticio de verano. Desde Orongo, se puede observar el solsticio de invierno justo en línea con Pua Ka Tiki, lo que pudo darle una connotación especial a la selección del lugar para la ceremonia del tangata manu. Unas cavidades circulares junto a un pequeño ahu cerca de las primeras casas, no han podido ser vinculadascon direcciones astronómicas conocidas, pero deben haber sido utilizados de alguna manera en las ceremonias.

 

 

 

 

Los Moai

 

El moai, símbolode Rapa Nui, ha llegado a convertirse en un icono universal. Los moai fueron un elemento dominante en el paisaje de la isla, hasta su destrucción entre fines del siglo XVII y comienzos del siglo XIX. Esas estilizadas figuras eran la encarnación del espíritu de los ancestros de cada linaje. Los nombres propios de algunos de ellos se pudieron rescatar desde tiempos remotos.

Se han registrado unos 900 moai en la isla. De estos, unos 400 se encuentran en la cantera de Rano Raraku, 288 asociados a los ahu, y el resto dispersos en distintos puntos de la isla, probablemente abandonados en la ruta a algún ahu. Del total, más de 800 fueron tallados en la toba lapilli del Rano Raraku, 22 en traquita blanca, 18 en escoria roja y 10 en basalto.

La selección de las canteras del Maunga Eo (cerro fragante), más conocido como RanoRaraku, se debió a que la piedra volcánica de color amarillo grisáceo que se da exclusivamente en ese lugar de la isla, un tipo de ceniza compacta con incrustaciones de pequeños trozos de basalto, denominada toba lapilli, era una materia prima intermedia entre la blanda traquita o escoria y el durísimo basalto, y más accesible para la construcción masiva de estatuas mediante el uso de simples picotas y azuelas de basalto (toki).

La mitad norte del cráter, cuyos bordes bajan suavemente, está compuesta por un material arcilloso rojizo. La toba lapilli aflora en la mitad sur del cráter, en el lado más alto (162 metros). La actividad de los antiguos expertos talladores de imágenes de piedra (tangata maori anga moaimaea) se concentró en la pared exterior que mira al suroeste, pero llegaron hasta la misma cumbre y aún en el borde opuesto, hacia el interior del cráter, en cuyo faldeo se conservan más de cuarenta estatuas, orientadas hacia la laguna.

Desde un punto de vista práctico, uno de los “misterios” por resolver es entender porquéno se extrajeron los bloques para llevarlos a un lugar más cómodo para los escultores, y porqué, en cambio, las figuras se tallaban con casi todos sus detalles en el nicho, incluyendo los finos rasgos de la cara y las manos.

NOVA: moai.

http://www.pbs.org/wgbh/nova/easter/explore/

 

Easter Island Statue Project

http://www.sscnet.ucla.edu/ioa/eisp/

 

 

 

 

 

El tallado

 

Se iniciaba el tallado desde un costado de la imagen, enfrentando la pared vertical, o hacia abajo, en donde existieran superficies horizontales o incluso bastante inclinadas, con la cabeza hacia arriba o hacia abajo. Sin embargo, la figura siempre terminaba apoyada sobre la espalda, hasta desprender el bloque cortando la quilla que quedaba a lo largo del eje del cuerpo. Luego, se deslizaba por la ladera hacia la base del cerro, donde se había preparado un hoyo que le permitiría quedar de pie. En esa posición, se terminaría el tallado de la espalda, y quedaba en posición de “caminar” a su destino final.

Toda esta operación debió requerir de enorme pericia, y el abundante uso de maderos y firmes cuerdas de fibra vegetal. En un sector de la cumbre, llamado Pu Makari, se puede observar una serie de orificios cilíndricos que pudieron servir para la instalación de gruesas vigas y cuerdas, pero están sobre un sector marginal de las canteras principales, de manera que su función no está claramente definida.

En los faldeos del cerro se pueden observar enormes acumulaciones del material producido por el tallado de cientos de moai a lo largo de varios siglos, miles de desechos de la preparación de los filos de los instrumentos de basalto. También es posible observar en las paredes de los nichos las marcas de las picotas (toki). Seguramente, la toba era más fácil de trabajar si se impregnaba con abundante agua.

Los millones de golpes de esas pesadas picotas de mano parecen haberse detenido en un solo momento.Cientos de moai quedaron en distintas etapas del tallado. Aunque en algunos casos fueron abandonados por problemas técnicos o fracturas, el sitio da la impresión de que por alguna razón ese enorme esfuerzo fue interrumpido abruptamente, como si las propias herramientas esperaran la vuelta de los trabajadores en cualquier momento.

 

 

 

 

El estilo

 

La estética de las imágenes clásicas salidas de las canteras del Rano Raraku presenta un patrón claramente definido, cuya variación está asociada a una progresiva estilización. También aumentó eltamañoa lo largo del tiempo. Una forma excepcional es el moai llamado “tukuturi” (arrodillado), único con piernas, puesto en cuclillas. Las estatuas más antiguas presentan rasgos más naturalistas, con cabezas trapezoidales o redondeadas, y se encuentran en las primeras etapas de construcción de los ahu. Algunas se han recuperado de las fases más antiguas de una plataforma, como en el Ahu Tongariki, o quedaron incorporadas a la última ampliación del muro posterior, como en el Ahu Nau Nau.

De acuerdo con la tradición relacionada con una estatua abandonada sin terminar en el faldeo de la cantera exterior, denominada Tai Hare Atua, el origen de la forma tiene una clara connotación fálica.

La estatua tipo, de formas rectangulares,destaca por la mayor proporción de la cabeza respecto del tronco, con narices alargadas en donde las aletas se detallan con finos espirales, bocas de labios finos de expresión despectiva, orejas con largos lóbulos, en los que a veces se aprecian aros cilíndricos. Losmentones tienen un borde pronunciado, que a veces termina en una pequeña barba rectangular. Los ojos permanecen cerrados hasta que la figura era levantada sobre un ahu.

Los cuerpos fueron diseñados para que la estatua tuviera un bajo centro de gravedad, con un abdomen abultado en el tercio inferior y una espalda cóncava. La base se corta a la altura de la pelvis, dejando en el frente los genitales masculinos cubiertos por un taparrabos (hami). Los brazos pegados a un cuerpo relativamente ancho se proyectan hacia el hami. Las manos destacan por sus largos y finos dedos, con pulgares curvados hacia arriba. Los pectorales presentan tetillas modeladas como espirales en relieve. Bajo el grueso cuello, se define una línea que representa las clavículas y en el centro la hendidura de la parte superior del esternón. El ombligo estaba marcado en relieve, aunque la erosión ya no permite apreciarlo en la mayoría de los casos.

En la antigüedad, probablemente todos los moai que llegaron a levantarse sobre un ahu estuvieron pintados con kie’a roja. Algunos presentan diseños incisos que representan tatuajes en el cuello. En los moai del Ahu Nau Nau de Anakena se puede apreciar diseños geométricos en relieve, aplicados en la espalda, como un cinto a la altura de las caderas, diseños en forma de M o Y, así como espirales sobre los glúteos. En Rano Raraku muchos moai presentan grabados que probablemente son del período posterior, relacionados con el culto al Hombre Pájaro, pero también emblemas de rango de los Ariki,comoreimiro (un pectoral de madera en forma de media luna),embarcaciones antiguas y, en un caso, un barco europeo, lo que refleja la continuidad de la cultura, y la referencia permanente al “mana” de las imágenes.

El tamaño promedio de los moai es de unos 4,5 metros de altura, pero los antiguos especialistas fueron capaces de trabajar y trasladar dos estatuas de diez metros de alto, que llegaron al Ahu Hanga Tetengaen la costa sur, y al Ahu Te Pito Kuraen la costa norte, en el sector de La Perouse, a unos seis kilómetros de distancia de la cantera.

En la cantera principal de Rano Raraku quedó sin desprender de su nicho una imagen de 21,65 metros, conocida como Te Tokanga, que habría llegado a pesar más de 200 toneladas, algo impensable aún para la tecnología más moderna. Las estatuas de mayor tamaño se encuentran abandonadas en los faldeos de la cantera, lo que demuestra que la sociedad rapanui estaba por alguna razón embarcada en una competencia que finalmente se resuelve en el abandono total del megalitismo.

Unos 164 moai llegaron a los distintos ahu dispersos en todo el contorno de la isla, y a algunos en el interior. En ocasionesformaban grupos imponentes, como los 15 moai del Ahu Tongariki, con pesos individuales de más de 60 toneladas, o los siete moai del tipo promedio en el AhuAkivi.

Destaca como pieza única el moai llamado Paro, con su impresionante altura de 10 metros, que además tenía un enorme pukao de dos metros de diámetro, en el Ahu Te Pito Kura.

Según los cálculos delProfesor William Mulloy, este último moai debió requerir el esfuerzo de treinta hombres durante un año para su confección, noventa hombres durante dos meses para trasladarlo, y noventa hombres durante cinco meses para instalarlo sobre la plataforma.

 

 

 

El transporte

 

El controvertido tema de la técnica del transporte de estas enormes y pesadas estatuas, que al mismo tiempo presentan rasgos finos sobre una superficie frágil, todavía no se resuelve satisfactoriamente. Sin embargo,descartando algunas ideas fantasiosas o ridículas, existe una serie de hipótesis serias y experimentos que han permitido demostrar que el transporte es factible con los recursos humanos y materiales con que contaban los antiguos isleños.

Según la tradición, los moai caminaban. De hecho, desde el volcán salían varios caminos destinados al transporte de las estatuas (Ko te ara o te moai). Todavía es visible el camino que seguía por la costa sur, en donde se encuentran varias estatuas caídas hacia delante.

Se ha probado que es factible (aunque no muy práctico) hacer “caminar” un moai de unos tres metros de altura, haciéndolo bascular alternadamente al mismo tiempo que se tira de cada lado de la base hacia delante. Otro experimento exitoso muestra el traslado de un moai recostado sobre una plataforma de maderos como trineo, que se tira con cuerdas sobre troncos transversales.

Sin embargo, excavaciones recientes en un tramo del camino de los moai entregan datos nuevos, que obligan a replantear la ingeniería del traslado y a realizar nuevos experimentos. Las huellas de una gran cantidad de troncos instalados de manera vertical, o inclinados, a ambos lados del camino, que en algunos tramos parece cortado en U, y con pavimento en algunos sectores, parecen indicar que en el transporte era fundamental la palanca. De acuerdo con la información disponible, el traslado de los moai fue la tarea que demandó mayor esfuerzo físico y destreza técnica.

Finalmente, el levantamiento sobre la plataforma debió ser un desafío complejo pero de mayor paciencia, sobre todo cuando se trataba de poner estatuas muy cerca de otras, en una plataforma elevada, sin ayuda de cementos o barras de sujeción, ni poleas. Algunas evidencias indican que el levantamiento de las estatuas se realizaba mediante la acumulación progresiva de piedras de tamaño medio, hasta levantar una rampa de gran volumen. Probablemente, ese mismo material servía para el relleno de la plataforma del ahu.

Una prueba extrema de capacidad técnica seríalevantar hasta más de diez metros de altura un cilindro de escoria que pudo pesar más de diez toneladas, para equilibrarlo sobre una pequeña superficie. Desde luego, la ingeniería detrás de todo esto está muy lejos de cualquier otra expresión megalítica en el resto de Polinesia.

 

 

 

 

Pukao

 

De los 164 moai levantados sobre un ahu, 58 recibieron cilindros de escoria sobre la cabeza, llamados pukao. Los pukao se tallaron en la cantera de Puna Pau, un pequeño cráter frente a Hanga Roa.

En la propia cantera, o en transporte, quedaron abandonados 31 pukao. Las dimensiones de estos cilindros alcanzaban entre 1 y 2 metros de alto, por 2 a 3 metros de diámetro, con pesos de entre 9 y 20 toneladas.

 

 

 

Significado del moai

Desde luego, no se trataba solamente de un problema técnico. Lo más importante para una sociedad como la rapanui, era la ideología. Los moai estaban destinados a encarnar el espíritu vivo de un ancestro. Mientras no llegara a levantarse sobre un ahu determinado no sería más que una estatua vacía. En el año 1978, durante la reconstrucción del Ahu Nau Nau en Anakena, se encontró por primera vez la expresión visible del espíritu encarnado en las estatuas: los ojos de coral y pupila de obsidiana o escoria roja que constituían el rostro vivo (aringa ora) de los ancestros, y el vehículo para la proyección del mana. Después de siglos de destrucción y abandono, la mirada de los moai comienza a descubrirse otra vez.

Desde su posición sobre un ahu,ya sea mirando hacia el centro de la isla desde la costa, o en los terrenos interiores, distribuían ese poder como un manto protector sobre el linaje y su territorio.

 

 

 

 

Megalitismo y cambio

 

El nivel alcanzado por la Cultura Megalítica Rapa Nui resultó de la combinación demúltiples factores, en donde la competencia provocada por las restricciones ambientales se expresó justamente en la construcción de ahu y moai cada vez más grandes. El aumento incontrolado de la población no pudo ser disminuidoa niveles sustentables, de manera que los grupos sufrieron divisiones y fusiones para asegurar su supervivencia. La competencia entre los grupos más poderosos era inevitable en un ambiente deteriorado por sobre explotación y sometido a catástrofes naturales periódicas. La insistencia en el megalitismo era un callejón sin salida, pero mantuvo por un tiempo la cohesión social, la estabilidad y el orden entre los grupos más capaces de asegurar su acceso a los recursos para la subsistencia.

Dadala ausencia de embarcaciones de alta mar que podrían haber aliviado la presión demográfica sobre una producción de alimentos insuficiente, el mana de los ancestros no sería capaz de sostenerla sociedad para siempre. La situación continuóhasta que todo el sistema social, religioso,político y económico entró en un proceso de crisis que, aparte de significar el abandono definitivo del megalitismo, requirió de un esfuerzo notable de adaptación para habría de generar nuevas expresiones en todos los aspectos de la cultura.

 

 

 

FASE HURI-MOAI; CRISIS Y ADAPTACIÓN (1.680 A 1.867 D.C.)

Durante este período, la isla sufrió las consecuencias de un severo proceso de deterioro ambiental, inevitable cuando un ecosistema pequeño y frágil se combina conunasociedad orientada a la competencia, intensificando progresivamente la presión sobre recursos escasos. En este escenario, uno de los factores más críticos es la cantidad de habitantes que pudo llegar a sostener la isla (capacidad de carga). Las estimaciones más conservadores indican que la población llegó a un máximo de 10.000 habitantes. Al menos, algunos datos de los primeros visitantes europeos permiten extrapolar cifras de hasta 6.000 habitantes. En la actualidad, en la isla viven unas tres mil personas.

La vegetación arbórea fue afectada intensamente por su importante uso en las grandes obras públicas y ceremoniales, como leña para el consumo diario ypor un tipo de horticultura de tala y roza, esto es, el corte y quema de sectores de bosque para la plantación de tubérculos, sin olvidar que la antigua práctica de cremación demandaba un alto consumo de combustible.

Esto ocurrió en la isla en forma progresiva, hasta que hacia fines del siglo XVII el desastre ecológico de la deforestación eliminó la materia prima necesaria para hacer embarcaciones de alta mar y, con ello, la imposibilidad de reducir la presión sobre el ambiente mediante la migración de una parte de la población, que fue uno de los mecanismos que estimuló el descubrimiento y colonización de tantas islas en el Pacífico. Obviamente, debieron verse afectadas todas las otras actividades que dependían en gran medida de esos recursos, como la construcción de ahu y el traslado de los moai. El cambio radical en las costumbres mortuorias muestra cuan profundamente se vio afectada toda la sociedad y sus impresionante capacidad de adaptación.

 

 

 

 

Batalla del Poike

En los esquemas tradicionales del desarrollo histórico cultural de Rapa Nui, la fase “Huri Moai”, de la caída de las estatuas, se fija hacia el año 1680 d.C., que correspondería con la tradición de la batalla del Poike.

Según la leyenda, en esa batalla fueron exterminados los Hanau e’epe (los “orejas largas” de la confusa versión tradicional, que habría que descartar definitivamente), excepto un único sobreviviente (Ororoine) como resultado de la rebelión final contra la clase dominante. Sin embargo, la trinchera en la base del Poike, que tradicionalmente se ha interpretado como“El gran curanto delos Hanau e’epe” (Ko te umu o te Hanau e’epe), era algo diferente. De hecho, no se trata de una trinchera defensiva, sino de una serie de fosas separadas, en donde no se encontró evidencia alguna de fuego ni restos humanos. Una interpretación alternativa es que servía propósitos agrícolas.

 

 

Crisis global: adaptaciones globales

 

Aun cuando el abandono del megalitismo parece haber ocurrido abruptamente, tal como cuenta la leyenda que atribuye la caída de las estatuas a la venganza de una poderosa mujer, muy molesta por no haber recibido su parte de una enorme langosta, debió tratarse de un procesoacumulativo que involucró distintos factores, en donde la adaptación a las nuevas y críticas condiciones requirió un tiempo relativamente prolongado.

Este proceso debió desarrollarse por el siglo XVII, expresado en una serie de tensiones entre grupos vecinos, hasta llegar a las guerras que se tradujeron en la destrucción de los ahu y moai de los vencidos. En este contexto, el prestigio de la clase sacerdotal fue disminuyendo frente al predominio creciente de la clase guerrera (matato’a). La crisis en la producción de alimentos hizo necesario disminuir la presión sobre el ambiente, con un sistema económico menos exigente, junto con tecnologías más conservadoras y más eficientes para la protección de las plantas.Las ceremonias se orientaron a asegurar la fertilidad y a influir con la magia del mana sobre los recursos necesarios para la subsistencia.

A lo largo de este período, y hasta tiempos históricos, se hicieron caer todos los moai de la isla. El mana de las figuras fue eliminado a través de la remoción y destrucción de sus ojos de coral. Los ahu se transformaron, ocultando su forma original, y se construyeron cámaras (avanga) en el interior para recibir los huesos blanqueados de las antiguas familias, resultado de la carencia de combustible para las cremaciones.

Esta continuidad en el uso de los antiguos centros de poder indica que no se trata de una simple usurpación por grupos enemigos, sino que en muchas ocasiones fueron destruidos por sus propios dueños, al perder sustentación el sistema tradicional.

El esfuerzo por mantener ese sistema a través de una mayor exigencia sobre la población y los recursos debió provocar tensiones dramáticas.

Los gigantescos moai abandonados en la cantera muestran la necesidad de aferrarse al mana de los ancestros hasta un nivel que fue imposible demantener.

El deterioro del ambiente obligó a buscar alternativas más eficientes. Entre los avances tecnológicos se cuentan recintos circulares de piedra, llamados manavai, construidos sobre o bajo la superficie del terreno, aprovechando cavidades naturales para proteger las plantas del viento y de la pérdida de humedad. Importantes extensiones de terreno fueron cubiertos con piedras volcánicas pequeñas para conservar la humedad (“mulching”), en donde era factible plantar camotes. Por su parte, las gallinas fueron protegidas con verdaderas fortalezas de piedra usadas como gallineros (hare moa).

Desde el punto de vista ideológico, en esta época surgen con mayor fuerza los ritos de los primeros frutos y la magia de la fertilidad. Muchos artefactos cargados de mana estaban destinados a favorecer el crecimiento de las plantas, la fertilidad de las gallinas y la suerte en la pesca. Una de estas piedras mágicas, llamada Te Pu o Hiro (la trompeta de Hiro), se soplaba por unos orificios para que el sonido atrajera los cardúmenes a la orilla. En esta y en muchas otras piedras se grabaron con finas líneas incisas los “komari” (vulvas), símbolo clásico de la fertilidad.

A esta época debe corresponder la mayoría de los petroglifos en donde se asocian komari, peces, aves y plantas. Incluso, se retiraban cráneos de personas importantes de los osarios para aprovechar su mana con estos propósitos.

Estas adaptaciones tuvieron su expresión más notable en lo ideológico a través del cultoa Make Make (el “Dios creador”) y la ceremonia del tangata manu (hombre pájaro). El antiguo culto a los ancestros en los centros religiosos de cada familia se desplaza a un centro de competencia anual por el poder, en la aldea ceremonial de Orongo.

 

 

 

Orongo

 

La Aldea Ceremonial de Orongo se encuentra en uno de los escenarios más espectaculares de la isla, en el borde más angosto del Rano Kau. La caldera del cráter mide cerca de un kilómetro y medio de diámetro, y en su interior la acumulación de aguas lluvia formó una laguna cubierta por manchones de totora.

El interior del cráter, con paredes de 200 metros, constituye un gigantesco manavai natural, con un microclima que permitió una mejor conservación de las especies vegetales endémicas y de aquellas introducidas por los colonizadores polinésicos. De hecho, en las laderas rocosas del cráter se conservó el último toromiro, hasta el año 1960. En tiempos históricos, se plantaron en su interior variedades de árboles y arbustos exóticos que hoy dominan en distintos sectores, como paltos y miro tahiti (Melia), e incluso parras silvestres y una gran bouganvilia rosada a los pies del kari kari. En los últimos años se ha intentado reintroducir, sin mucho éxito, especies como toromiro, mako’i, hau hau y marikuru.

La laguna fue uno de los principales fuentes de agua para la población de Hanga Roa, hasta los años sesenta.La importancia que tuvo en el pasado se refleja en que todos los ojos de agua tenían nombre propio, aunque en la actualidad ni siquiera se conserve el nombre legendario del cráter: “Te Poko Uri A Haumaka O Hiva”, el abismo negro de Haumaka, de Hiva.

En los bordes del cráter abundan unas losas laminares de basalto, llamadas keho. Con este material se construyó la aldea de Orongo, que domina el borde suroeste del cráter,frente a los motu.

Probablemente, las primeras construcciones no estaban relacionadas con el culto al hombre pájaro. De hecho, justo antes del inicio de la aldea se encuentran los restos de un pequeño ahu, de cuyo único moai confeccionado en toba del Rano Raraku, se conserva solamente la base a ras del suelo. Al frente del ahu se pueden observar unos orificios en las piedras, que podrían tener alguna connotación astronómica. Las primeras casas de piedra en Orongo parecen haberse construido en plena época megalítica, hacia el 1200 de nuestra Era.

Las primeras casas se construyeron a partir del afloramiento de rocas que se eleva en lo que actualmente sería el centro de la aldea, con una planta oval alargada.

Losas verticales de basalto formaron gruesos muros rellenos de cascajo y piedras, para sostener unas losas más largas que definen el techo de falsa bóveda. La estabilidad de la construcción la daba un grueso relleno sobre la bóveda.

Las estructuras sólo permitían pequeñas aberturas para entrar y salir a gatas. Estas se encontraban en el frente de la casa, que daba siempre hacia el mar. La falta de ventanas las hacía muy oscuras, y de difícil ventilación.

Sólo se usaban en ciertos momentos del año, para dormir. Con el tiempo, y en especial en torno a la ceremonia del tangata-manu, que caracteriza la segunda fase en la prehistoria isleña, se llegaron a construir 53 casas, alineadas en el borde del cráter, formando tres conjuntos independientes pero armónicos. Casi todas las casas fueron saqueadas y destruidas en tiempos históricos, y reconstruidas varias veces en los últimos veinte años. Al ingresar a la aldea, cerca del borde del acantilado, se encuentran dos casas que fueron dejadas sin restaurar intencionalmente, para apreciarlas en su “estado natural”.

La primera casa del primer conjunto fue dejada abierta, para observar la forma, el ancho de los muros y la falsa bóveda. La baja altura no permite permanecer de pie en el interior, y sin otra iluminación que la que se filtra por las pequeñas entradas, a veces sólo una, y de pequeñas dimensiones. La forma y el tipo de construcción las hace húmedas, y la falta de otro elemento sustentante que el propio relleno de tierra y cascajo las hacía muy inestables, por lo que debieron repararlas periódicamente. La planta de las casas es similar a la de las “casas bote”.

La idea de construir aquí casas con muros sólidos, en vez de los livianos techos vegetales de las hare vaka, deriva de la exposición del sitio a los fuertes vientos marinos. La disponibilidad de las lajas de basalto como materia prima, y la aplicación de la técnica de construcción más simple, llevaron al diseño de un conjunto arquitectónico único en la isla.

En algunos muros, y en especial en los vanos de las algunas estrechas puertas, se incorporaron bloques de basalto, reciclados de las fundaciones de antiguas hare paenga.

En el interior de algunas de las casas, algunas losas verticales que son las fundaciones de los muros interiores, fueron pintadas con diseños característicos de la ceremonia del hombre pájaro, y también con barcos europeos, lo que demuestra su uso hasta tiempos históricos. Al menos, se sabe que la ceremonia del tangata manu se realizó hasta la segunda mitad del siglo XIX, hacia 1867.

Uno de los elementos más impresionantes de la aldea era un moai de basalto llamado Hoa Haka Nana Ia. Este moai, de 2,5 metros de alto,es único no sólo porque fue realizado en basalto, la materia prima más dura disponible, sino también porque representa el cambio y la continuidad que estaba ocurriendo en la antigua cultura. El frente muestra la forma clásica del período del florecimiento del megalitismo, y grabados en la espalda todos los motivos que representan la siguiente fase: tangata manu (hombre pájaro), ao (remo de doble pala, símbolo del poder), y komari (vulva, símbolo de la fertilidad).

Este moai excepcional se encontraba incorporado en el muro de una casa en el sector central de la aldea, llamada taura renga. El cuerpo y la cara estaban pintados con kie’a blanca, y los diseños destacados con kie’a roja. Fue sacado en 1868 por la tripulación del barco de guerra inglés Topaze, y se encuentra desde entonces en el British Museum de Londres.El nombre, tal como fue recogido por los propios ingleses, refleja su origen: “el amigo robado”.

 

 

 

Mata ngarau

 

El último conjunto de casas, al ir descendiendo hacia el kari kari, se adosa a un afloramiento natural de rocas, que se encuentra casi totalmente cubierto de grabados, en especial imágenes en relieve de tangata manu, la máscara que representa al dios creador Make Make, komari, y algunos diseños geométricos. Este conjunto, llamado Mata Ngarau, constituye la mayor concentración de petroglifos en la isla, y era el centro de la ceremonia.

Junto al afloramiento se adosaron seis cámaras individuales, donde los sacerdotes esperaban el aviso de los competidores. En el extremo sur del complejo, una gran cámara marcaba el final de la aldea.

 

 

 

Los Motu: Antiguo reino del manutara

Desde el conjunto de Mata Ngarau se dominan los islotes donde se realizaba la etapa fundamental de la competencia: la búsqueda del huevo del manutara. A unos mil metros de la base del acantilado, se observan los islotes Motu Kao Kao, Motu Iti y Motu Nui. Una variedad de aves marinas llegaban a anidar cada primavera, de las cuales sólo algunas se pueden observar en la actualidad. Entre las más importantes destaca el pájaro fragata (makohe), que puede ser visto planeando solitario y ocasionalmente en impresionantes bandadas. El famoso manutara, un gaviotín apizarrado (Sterna fuscata)ya no es posible de observar en la isla.

El Motu Kao Kao, el islote más cercano, es una imponente aguja, lugar de anidamiento seguro para las aves. Un poco más lejos, el Motu Iti, un islote pequeño y plano, contiene un afloramiento de obsidiana que fue explotado en tiempos antiguos. Separado por un pequeño canal, se encuentra el islote más grande, Motu Nui, en donde se conservan importantes vestigios arqueológicos, relacionados con la competencia.

En el Motu Nui, los representantes (hopu manu) de cada grupo usaron cuevas para refugiarse, en las cuales dejaron grabados y pinturas, como un imponente rostro de MakeMake pintado de color rojo. Uno de los elementos más interesantes ya no se encuentra en este islote: un pequeño moai de basalto, llamado Tita’a hanga o te henua (el límite de la tierra). Fue llevado por Routledge a Inglaterra, y se encuentra en el Museo Pitt Rivers de Oxford.

Según la tradición, esa estatua marcaba la división de la isla por el centro, separando los territorios de las dos confederaciones de clanes que dominaron en esa fase: Tu’u y Hotu Iti. En un extremo del Motu Nui se encuentra un peñón llamado Puku RangiManu, el lugar desde donde el poseedor del huevo anunciaba su éxito a los sacerdotes y a su jefe, que se convertiría en tangata manu, el hombre pájaro.

 

 

 

 

La competencia por el poder: el tangata manu

 

Aunque no se conoce en detalle cómo surgió la competencia del hombre pájaro, al menos el nombre está relacionado conla figura característica que domina el arte rupestre, una forma humana de perfil, en posición fetal. La cabeza corresponde más bien al makohe que al manutara.

Según la tradición, una vez abandonado el culto a los ancestros que representaban los moai, y dada la pérdida de prestigio del antiguo orden político religioso, ascienden en el poder los líderes guerreros, y nuevos ritos orientados más bien a la fertilidad, menos exigentes en mano de obra y recursos. Necesariamente, esto llevó a la definición de un poder político, ya no hereditario, sino elegido a través de una competencia ritual, cada primavera. Hacia fines del siglo XVII, los cambios de la sociedad condujeron a la formación de dos grandes confederaciones de clanes que cubrían los territorios del noroeste y del sureste respectivamente.

Al aproximarse la primavera, los grupos más poderosos se organizaban para participar en la competencia. Se reunían en la gran aldea de Mataveri, para luego subir en el momento oportuno hasta Orongo. Cada clan elegía a un representante, el hopu manu. En el momento culminante de las fiestas y rituales, debían descender el acantilado de Orongo, y nadar hasta el MotuNui con la ayuda de flotadores de totora llamados pora.

Allí debían esperar la llegada de las aves marinas, hasta que alguno de ellos pudiera conseguir el primer huevo del Manutara. El ganador anunciaba a los suyos el resultado, lo que inmediatamente convertía a su jefe en el elegido por Make Make para convertirse en el tangata manu de esa temporada, hasta la siguiente primavera. El hopu manu debía volver a la aldea con el huevo intacto, en tanto encarnaba el poder de Make Make.

El receptor de ese mana, el nuevo líder, era ungido con los símbolos de su nuevo status. Debía afeitarse completamente la cabeza, y era pintado con los colores rituales, blanco y rojo. Recibía el Ao, símbolo del poder, y finalmente iniciaba la procesión por el camino del Ao, bajando a Mataveri. Aunque no se conocen detalles de las fiestas y rituales, era recluido por unos seis meses, en Anakena si pertenecía a los clanes del noroeste (Mata Tu’u Aro), o en Rano Raraku si pertenecía a los del sureste (Mata Hotu Iti).

Había preparada una casa especial para ese propósito, y el hombre pájaro sería atendido por un sacerdote dedicado exclusivamente a su servicio. El mana recibido podía ser mortal si no se cumplía con los rituales, pero lo importante era que ese poder pudiera asegurar los privilegios de su grupo y la magia de la fertilidad para la producción de alimentos. La tradición recuerda que los grupos se aprovechaban de esos privilegios para satisfacersus deseos de venganza. De hecho, a esta época corresponden las leyendas más sangrientas, en las que no faltan referencias a la antropofagia.

Sin embargo, la búsqueda de respuestas políticas, ideológicas y técnicas a la crisis demuestra una notable capacidad de adaptación, que no permite hablar de decadencia cultural, sino hasta el profundo impacto derivado del contacto con el mundo occidental, que llevó a los isleños muy cerca de la extinción, hacia fines del siglo pasado.

En ese contexto, el culto del tangata manu estaba condenado a desaparecer. Aunque no existen datos exactos de cuántos años duró esta etapa, una aproximación puede ser la cantidad de ciento diez imágenes de tangata manu grabados en sobre relieve en Mata Ngarau, que podrían representar a los ganadores de cada año.

También se conservan algunos nombres de esos ganadores, que habrían dado su nombre al año de su “reinado”.El último tangata manu registrado se llamaba Rukunga, quien habría sido el ganador en el año 1866 o 1867.

Con él termina definitivamente la época antigua, cuando los impactos externos ya habían provocado un tremendo impacto en la población, el orden social y la cultura.

 

 

Arte rupestre

Entre los vestigios arqueológicos del pasado rapanui, el arte rupestre aparece disminuido frente a expresiones megalíticas tales como los ahu y los moai. Sin embargo, su cantidad y calidad superan cualquier otra expresión de este tipo en toda Polinesia.

Los grabados y pinturas sobre piedra contienen un mensaje que combina una particular estética y complejos contenidosderivados del mito, la organización social, la ideología, y el cambio cultural a través del tiempo. Esos contenidos constituyen uno de los documentos más interesantes y menos conocidos de laantigua cultura rapanui.

El arte sobre piedra se encuentra disperso en toda la isla, en una cantidad que superalos cuatro mil motivos, aplicados sobre rodados marinos, las antiguas almohadas de piedra (ngarua), bloques aislados como Te Pu O Hiro, con una clara referencia al mana para atraer peces, hasta los enormes paneles (papa) que reúnen cientos de motivos, como en Omohi, Hanga Ho’onu, Papa Tataku Poki y, en especial, en el conjunto de bloques grabados de Mata Ngarau, en Orongo.

El arte en piedra se expresó a través de distintas técnicas, tales como el grabado o incisión lineal, el sobre relieve y, en algunos casos, en bajo relieve. Las pinturas con pigmentos minerales (kie’a) se concentran en algunos sitios, especialmente en Ana Kai Tangata, las cuevas del Motu Nui, y en el interior de las casas de la Aldea Ceremonial de Orongo.Todas ellas relacionadas con la ceremonia del tangata manu, pero también se conocelaaplicaciónde pigmentos en algunos moai, representando por ejemplo, el tatuaje del cuello.

La representación más conocida es justamente la del tangata manu, generalmente grabado en sobre relieve,que aparece asociado a la imagen del dios creador Make Make, y al komari (vulva), símbolo de la fertilidad.

La continuidad de la cultura se aprecia claramente en la superposición de los motivos del tangata manu sobre los propios moai. Aparte del notable ejemplo del moaiHoa haka nana ia, también se observa la aplicación de imágenes de Make Make sobre algunos de los moai abandonados en la cantera de Rano Raraku.

Aunque todavía no es posible fechar con certeza los petroglifos, aparte de aquellos asociados a la fase del tangata manu, se puede postular que los motivos más antiguos fueron realizados mediante finas incisiones lineales.

Existe una amplia variedad de motivos, incluyendo algunas figuras antropomorfas, las zoomorfas (entre las que dominan las especies marinas, gallos y lagartijas), escasas representaciones de plantas, figuras mitológicas y geométricas, y una gran cantidad de representaciones geométricas, desde el naturalismo más evidente hastacomplejas abstracciones.

Comprender el significado original de los motivoso los conjuntosde diseños resulta un desafío en la actualidad, tanto como su protección y conservación.

En ocasiones,el nombre del sitio entrega alguna información,como Papa u’i hetu’u en Poike (observatorio o marcador de estrellas); Moko a rangi roa en Puna Marengo (leyenda); Te pu haka nini mako’i al norte de Tahai (orificios para hacer rodar semillas de mako’i, un antiguo juego que aparece en una plataforma con tres pequeños orificios, junto a una gran canoa y seis gallos); Papa tataku poki frente al Ahu Tongariki (leyenda); Manini o hera en Vai Tara Kai Ua (leyenda); los espíritus de Kuha y Rati en Anakena, etc.

Algunas de las figuras más interesantes en sobre relieve, aparte del tangata manu y Make Make, se encuentran en el muro del Ahu Nau Naude Anakena.Se pueden apreciaruna pareja de pájaros, un ser antropomorfo con una larga cola, pequeños peces, y una serie de figuras geométricas.Escondido junto a los restos de un gran ahu inconcluso, se encuentra unbloque de basalto (paenga) con una figura en sobre relieve similar a un ivi heheu (albacora).

La importancia de los recursos del mar y su control político y mágico se expresa ampliamente en los petroglifos, y se concentran en especial en el antiguo territorio del linaje real Miru, que ocupaba gran parte de la costa norte y oeste.

Son abundantes las figuras de canoas de balancín (vaka ama), anzuelos (mangai) y de una variedad de especies de prestigio, enespecial atún (kahi) y tortuga (honu).

Además, existen imágenes de tiburón (mango), pulpo (heke), yespecies desaparecidas como el delfín, foca (pakia) y aúnballena. También existen imágenes muy estilizadas de jaibas (pikea) mitológicas.

Entre las expresiones más sobresalientes delarte rupestre en sobre y bajo relieve, se cuenta el bloque que se encuentra en el interior del Rano Kau, llamado Hoa Hoka. Grandes figuras mitológicas de carácter marino se combinan con una delicadeza excepcional. Lamentablemente, esta obra maestra ha sufrido las huellas del vandalismo más repudiable, con el grabado de nombres y fechas sobre las antiguas imágenes.

La pintura rupestre es uno de los documentos más frágiles del pasado. Los pigmentos se han ido perdiendo por acción natural y también por vandalismo. Varias losas pintadas del interior de las casas de Orongo fueron retiradas para someterlas a tratamientos de conservación. Es claro que estarán mejor protegidas para el futuro en el Museo. Las pinturas de Ana Kai Tangata y el Motu Nui corren un riesgo mayor.

El arte rupestre es una expresión estética y un medio de comunicación que se mantuvo vigente hasta fines del siglo pasado, cuando se pintaron o grabaron barcos europeos en el interior de las casas de Orongo, o sobre el pecho de un moai de Rano Raraku,clara evidencia de lo impresionante que debió ser para los isleños la aparición de esas embarcaciones, cuando ya no quedaban en la isla sino pequeñas canoas de tablas cosidas.

En los últimos años se ha producido una revitalización del grabado rupestre, como parte del fenómeno global de rescate de la cultura rapanui. En un par de nuevos sitios con petroglifos de la isla, jóvenes isleños han grabado imágenes de la realidad a partir de los modelos tradicionales.

Por otra parte, se está produciendo un progresivo deterioro de los antiguos petroglifos, que en algunos casos ha causado la pérdida total de los motivos. Asimismo, el vandalismo o las construcciones realizadas en el presente siglo, en especial en el sector urbano de Hanga Roa, significaron la desaparición de bloques completos con grabados, como en Hanga Piko, o el bloque con grabados astronómicos que desapareció durante la construcción de la pista de Mataveri.

Entre los factores naturales que afectan la conservación del arte rupestre, se cuentan la lluvia, el viento, los cambios de temperatura, las raíces y, en particular, la acumulación de líquenes. Sin embargo, en la actualidad el problema más grave lo constituye el continuo tránsito de animales sobre los paneles con petroglifos.

La acción destructiva del hombre, consciente o inconsciente, incluye distintos tipos de vandalismo: las marcas de nombres o fechas, el remarcado de las líneas para hacerlas más visibles con diferentes instrumentos (desde piedras hasta tiza), las copias o calcos con métodos inapropiados.

En consecuencia, la tarea más importante en el largo plazo es la prevención, a través de la educación del público, y la implementación de medidas de manejo efectivas.

Melinka Cuadros Hucke : Petroglifos

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